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El verdadero espectáculo de delfines en un acuario



Hace muchos años, tuve la oportunidad de ir con mis pequeños a un "delfinario" a nadar con delfines.

En aquella época yo pensaba -al igual que muchas personas- que era una gran atracción nadar con delfines y que sería una experiencia inolvidable para los niños convivir con estos animalitos. Así que en cuanto tuvimos oportunidad de pagar el espectáculo lo hicimos.

Sin embargo, mi experiencia con los delfines fue un tanto decepcionante. Además del alto costo económico que tienen unos pocos minutos de nado con ellos, pude notar que los animalitos tenía "magulladuras" en rostro y cuerpo. Mirándolos muy cerca se pueden notar cicatrices de heridas y una especie de "rayones".

Eso llamó mi atención y me hizo pensar en la clase de trato que reciben estas criaturas en los delfinarios.

A pesar de anunciarse como criaderos para conservar y proteger especies, la verdad es que los delfinarios no son muy diferentes de un circo en cuanto al trato de animales se refiere.

Muchos delfines son traídos a estos "centros de recreación" de forma ilegal y clandestina. Se pagan altas cantidades para traerlos a costa de lo que sea pues constituyen un enorme negocio, sobretodo en costas turísticas como Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta, Isla Mujeres, etc.

Los delfines en su estado natural suelen nadar varios kilómetros a gran velocidad, dan grandes saltos o se hunden en las profundidades, cazan su alimento y se organizan en grupos sociales cuya jerarquía es muy compleja. Además dependen de su sistema acústico para conseguir su añimento, comunicarse, evitar peligros y que las madres interactúen con las crías.

Cuando se atrapa a estas criaturas, muchas mueren ahogadas en las redes al igual que las crías. Otras más son víctimas de infartos y afecciones en los riñones debido al estrés. En japón se mata a cientos de delfines y ballenas con métodos crueles, los pocos sobrevivientes se venden a distintos acuarios en el mundo incluyéndo Latinoamerica.

Atrapar a las criaturas marinas para ponerlas en cautiverio, es equivalente a cazarlas, ya que al ser atrapadas dejan de contribuir a mantener la población natural.

Los encierros provocan aburrimiento y neurosis debido a los espacios reducidos y no hay salida. El cautiverio les provoca a los delfines úlceras y gatritis por el estrés que tienen que sufrir.Y el estado nervioso en que se encuentran los obliga a consumir toda clase de objetos que caen a las albercas, provocando muchas veces la muerte por asfixia o envenenamiento.

Además, el delfín -al ser un animal organizado en grupos sociales con jerarquías establecidas- se desequilibra socialmente durante el encierro, pues éste provoca que los dominantes agredan a los más jóvenes hasta matarlos sin la posibilidad de escapar o de que los agresores sean contenidos por otros miembros de la manada, como ocurriría normalente en su medio natural. Problema que se agrava al concentrar delfines de diferentes poblaciones y territorios, que se ven aobligados a adoptar una jerarquía diferente a la que tenían originalmente.

La muerte en cautiverio se presenta en forma prematura, son pocos los casos de delfines y lobos marinos que llegan a la vejez. La mayoría muere por manejo irresponsable y enfermedades infecciosas. La vida en el encierro disminuye su esperanza de vida.

El público en los acuarios se divierte con actos artificiales que nada tienen que ver con la vida real de estas especies en su hábitat natural. Los acuarios enseñan (sobretodo a los niños) que está bien capturar animales para divertir a los seres humanos, mientras los dueños de estos lugares se enriquecen a costa del maltrato y violencia en contra de las criaturas marinas.

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